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BIO

COOK

Mi primer contacto con los fogones, ocurrió durante mi infancia, ya que mis abuelos y mi padre, regentaban el "Bar La Flota", donde yo pasé gran parte de mi infancia, una fonda, restaurante y bar, situado muy cerca del mercado de abastos de Zamora. Dicha ubicación, hacía preveer casi con total exactitud, el tipo de cocina que mi abuela Julia, elaboraba y ofrecía a sus comensales.

Julia aprovisionaba bien las cámaras y despensas del negocio familiar con viandas provenientes de su matutina visita a los puestos de confianza del mercado. Y así, mis primeras experiencias gastronómicas, se materializaron en aquellos manjares que veía con tanta intriga preparar a mi abuela en aquella cocina rancia, caduca y tristona, en la que solo ella sabía poner olor a domingo.

Boquerones en vinagre, guisos de cachuelas y callos a la Zamorana, arroz con pollo y pimentón, sardinas adobadas, chicharros en escabeche con aceitunas negras y cebolla, torreznos, jeta, morros de ternera con pimientos y tomates, pulpo a la sanabresa, mejillones en vinagreta, sopas de berza, tortillas de patata,

Comencé profesionalmente en esto de la cocina, durante mi época de estudiante de informática en la universidad Pontificia de Salamanca, donde comencé a trabajar de friegaplatos en un restaurante en el centro de la ciudad, "Brasería La Antigua". Allí pronto me di cuenta de mi pasión por esta profesión.

CLICKS

Desde muy temprana edad siento una atracción hacia los ordenadores que provocaba que me gastara mi paga semanal, allá por 1987 de unas 100 ptas, en una colección por fascículos del programa de hoja de calculo Quattro Pro de Borland, me estudiaba cada capítulo y los ponia en practica de manera mental, porque hasta que no cumplí los 20 años no entró un ordenador en mi casa. A excepción del IBM 386SX que tenía mi padre en la oficina de la administración de loterías.

Siete disquetes que cambiaron mi vida, recuerdo aquella noche, entrando furtivamente en la oficina del local de loterías que regentaba mi padre. Instalé una versión de Microsoft Windows, concretamente la ver. 3.11 sobre un IBM 386SX sin tener ni siquiera instalado un ratón, ocupaba 7 disquetes de 3 1/2", y fue algo increíble. Ver aquella pantalla llena de iconos y con aquellas ventanas fué algo maravilloso, como si hubieran venido a traer sus regalos los reyes magos.

Estudié informática de sistemas en la Universidad Pontificia de Salamanca, mi facultad se encontraba, justo al lado de la facultad de ciencias de la familia y en un edificio del siglo XVI lleno de pasillos que comunicaban alas y algún paso angosto y recogido había que transitar para acceder a todas sus dependencias, las parades de las aulas eran de más de un metro de grosor, y  se respiraba un aire a añejo por todo el recinto.